Una historia sobre el coronavirus

Érase una vez una niña, una niña normal, que iba a trabajar, hablaba por teléfono con sus amigos y cargaba momentos felices en las redes sociales.

De repente, el virus golpeó y golpeó fuerte. Todo lo normal tuvo que ser pospuesto. ¿Pero qué define lo normal? ¿No sería pasar tiempo en casa con la familia, meditar, crecer con nuestros seres queridos, el llamado tiempo de calidad por el que todos luchan tanto?

'¡Que bendición!' pensó. Pero la televisión y las personas que la rodean comienzan a volverse locas, escribiendo artículos sobre "10 cosas que hacer durante la cuarentena", "Cómo no aburrirse en casa". ¿Por qué todos veían a casa como una cárcel? El que está perfectamente equipado como meta de vida para cada individuo.

Ella pensó "¿Estoy durmiendo?" O "¿Estaba durmiendo antes?"

Pasaron los días y el aislamiento lo hizo más claro. ¡Era el miedo, el miedo a lo desconocido, el miedo a que ella se hubiera despertado de una pesadilla preguntándose si era real o no! Transpiración. Su corazón se acelera. Fue miedo. Fue la última llamada de atención de nuestro letargo tecnológico. Nos dieron una segunda oportunidad para volver a ver el mundo. Llano y simple. Pero el tiempo no solo era un amigo sino también un enemigo.

Año 2021, 1000 personas en China, 500 en Italia, 300 en Grecia no fueron los sobrevivientes sino personas cálidas de corazón, los optimistas.

¡Por fin todos volvieron a salir! Era solo una excusa para que la gente se acercara. Los gobernadores dijeron que "el amor era la cura". Tuvimos que quedarnos para demostrar nuestro amor por las personas que nos rodean. Había mitos sobre la existencia del amor, por lo que tuvieron que ponerlo a prueba. ¿Qué astucia? ¿Qué romántico? Pensó. Si amabas mucho, eras inmune al virus. La cura fue de corazón y de mente. Todo era solo un sueño al despertar. ¿Qué pasaría si ese sueño terminara con la niña llorando en la puerta por todo lo que se perdió, esperando pacientemente el final? ¿Te lo imaginas?